junio 20, 2009

En todas partes...


Ella no sabía vivir de otra manera, seguiría siendo una soñadora toda su vida a pesar de las caídas. Tras el choque, volvía a ascender lentamente hacia el cielo. Subiendo poquito a poquito, sin locuras. Seguiría viendo peces en el agua del vaso, imaginando su futuro cerca del mar, inventándose historias. Y dándolo todo por las emociones, por lo que pesa un beso cuándo lo deseas desde siempre. Al final, lo que importa es vivir intensamente. Porque si no, no se vive. Es una loca porque le gusta escapar sin dejar rastro, y desde que descubrió el poder de los aviones no dejará nunca de hacerlo. Sabe que las cosas muchas veces no salen como uno imagina, pero que hay que intentarlo hasta el final. Va perdiendo la inocencia pero nunca la capacidad de soñar. Una vez trazados los posibles finales, le gusta luchar por el final feliz. Sin perdices, pero viviendo felices. Porque igual Caperucita se casó con el lobo y él no quería comerla. La Cenicienta pasó del príncipe y se casó con un músico callejero. Es una loca que quiere saltar a las nubes desde las norias, que sabe que la risa son millones de cascabeles, y los lleva en la muñeca y en el tobillo. Así sonrien también las extremidades del cuerpo. Momo le enseñó a escapar de los hombres grises, quizá ella es una pequeña Momo, que odia las agujas del reloj. Los juguetes sin vida. Se molesta por tener siempre el corazón limpio y buenos sentimientos. Algunos la tachan de tonta, ella simplemente no quiere hacerle daño a nadie. Valora los amaneceres, los atardeceres, la luz, los colores, y los gatos callejeros porque aprende de ellos. Sin dueño, solitarios, mirando la luna desde los tejados. No necesitan nada más. Le gustaría perderse por las calles de ciudades desconocidas. Atenta al tránsito de los coches, de las luces artificiales. Y al día siguiente, perderse en la naturaleza. Verde, azul, tumbarse a mirar las estrellas y dibujar formas entre ellas. Saber que vivir merece la pena. Que hay mil misterios por descubrir al terminar el día, y aunque se levante solitaria y tome un café, pronto algo le hará saltar del sitio. Estallar de alegría. Contagiar al mundo, sonreirle a los desconocidos. Los cuentos tienen el final que tú quieras darles, ella lleva mucho tiempo perdida en un cuento imposible. Sigue escribiendolo, hasta que alguien escriba la palabra fin y cierre las tapas.


En las paredes de la calle, en las tuberías, en el aire. En los cárteles, en los anuncios de las vallas publicitarias de las autopistas. Los dibujos, la música, la alegría de los niños que juegan. Las luces del amanecer, las nubes, grises o azules. El frío en la playa, el aire que despeina, las películas en buena compañía. Las bicicletas en medio de la ciudad, los coches con conductores sonrientes. Las carreteras rectas y buena música. Los aeropuertos cuándo hay un Hola y un abrazo. El frío de los pueblos perdidos. La felicidad está en todas partes..

mayo 05, 2009

Ata2

Hay gente que tiene miedo al compromiso. Sentirse atado a alguien para los restos. Quizás pensar que puedes estar cometiendo un error y más tarde, una vez tomado la decisión, te arrepientas y te veas condenado a pasar lo que te queda de vida junto a ese alguien. Quizás sea miedo a encontrar algo de esa otra persona que no te guste. Quizás sea a que encuentre algo de ti que no le guste o que tu no quieres que encuentre. Quizás sea miedo a darte cuenta que sea persona es increíble, única; y no seas capaz ni de hacerle sombra. Miedo a averiguar que tú no eres todo lo bueno que pensabas. Miedo a toparte con la situación en que, sin quererlo, y por tu condición humana, haces daño a la persona que más quieres. O, simplemente, miedo a no saber recompensar todo lo que recibes.


Para mí fue diferente. Por dentro me invadió una sensación de seguridad como nunca antes la había sentido. Es difícil de explicarlo. Es difícil explicar algo tan grande. Es mirar a los ojos a la otra persona y echarle de menos. Desear que no se vaya nunca. Es abrazarle y sentirte a salvo; como si estuvieras sobre suelo firme cuando a tu alrededor no hay más que un profundo vacío. Es decirle que quieres pasar el resto de tu vida juntos y sentir como tu boca se ha convertido en el conversor más exacto de lo que desea expresar tu corazón. Es despertarte un día y saber que ya nunca volverás a estar sólo.


Ojalá vuelva a experimentar esta sensación de nuevo. Y sé que será muy distinto, pero a la vez sé que será una sensación igual de única. Aún no he encontrado a la persona, pero espero que, cuando el momento llegue, me vuelva a inundar esa sensación de seguridad, donde no existen los miedos sino etapas por las que pasar y obstáculos que superar. Pero juntos, siempre juntos.
Ata2.

abril 27, 2009

Abril


A sus ocho años, Gabrielito, tenía a veces arranques sorpresivos. Era muy despierto, quizá demasiado.

Con el abuelo se llevaba bien, pero en una ocasión le preguntó:
-Abuelo, ¿vos siempre fuiste viejo?
-No, Gabriel. Yo hace mucho fui niño, como vos ahora.
-O sea que yo también seré viejo.
-Ojalá llegues a los 85, como yo.
-¿Y no puedo seguir siendo niño a edad tan avanzada?
-No, Gabriel. La infancia dura poco. Dentro de unos años ya te saldrá bigote.
-No quiero bigote.
-¿Por qué?
-Porque el bigote lastima a las muchachas cuando uno las besa.

[...]